Una persona exitosa es aquella que encuentra su vocación y ésta convive en feliz armonía con su vida personal. Ivana Kalvácheva es una de estas personas, que con sus imágenes hace guiños juguetones a la gente y les saca sonrisas incluso en los días más tristes. En 2012 Ivana Kalvácheva se mudó con su marido a EEUU. Más tarde se trasladó a París, donde vive hasta ahora. La vida en el extranjero empezó de cero, y le ha enseñado muchas cosas, incluyendo las siguientes:
Que debes confiar sólo en ti mismo y en tus más allegados, y que uno puede arreglárselas en cualquier situación.
Ivana conoce el mundo con curiosidad, pero para ella Bulgaria es su juventud y su infancia, y siempre regresa al hogar con gran placer. Se da cuenta de que el país va cambiando lentamente para mejor, a pesar de que aún deja que desear:
Veo que la vida cultural se desarrolla. Hay muchos conciertos, representaciones teatrales… Falta, sin embargo, respeto por las instituciones y tolerancia hacia lo ajeno, a pesar de que somos abiertos y estamos en la comunidad europea. En EEUU y París (no puedo hablar de toda Francia) hay toda clase de culturas y yo estoy acostumbrada, a mí no me impresiona. Pero siento que todavía hay mucha gente en Bulgaria con actitud negativa hacia lo diferente. Por supuesto, esto no se aplica a todo el mundo, ya que también hay muchos búlgaros cosmopolitas.
Cuando se mudó a otro país, Ivana encontró su fórmula para adaptarse a la vida cotidiana:
Cuando vengo a Bulgaria o cuando voy a EEUU o Francia, vivo como si no hubiera vivido en otro sitio. Entro en mi entorno y trato de ver sólo lo bueno. Esta es mi forma de autoconservación, porque soy una persona nostálgica por naturaleza.
El humor, la ironía y un punto de vista distinto de las cosas ayudan a gestionar mejor los problemas y evitan que nos los creemos nosotros mismos. Concretamente el humor, la ironía y un punto de vista distinto de las cosas son lo que hace las fotografías de Ivana tan suyas, únicas y atractivas. En Bulgaria trabajaba como modelo, adoraba los escenarios, las luces de los focos y el trabajo frente a la cámara. Luego descubrió que también era interesante trabajar situándose al otro lado del objetivo. Se hizo con la cámara de fotos hace 20 años y ya no se ha separado de ella. Consigue mostrar en sus imágenes la sensación de escenografía, a pesar de que, como ella misma admite:
El objetivo y yo somos uno. Cuando voy caminando y algo me llama la atención, me detengo y lo fotografío. No profundizo en la técnica de la fotografía, más bien documento lo que veo. Mi mensaje es que nos fijemos en los detalles. Me ha pasado que amigos franceses que viven en París desde hace décadas me pregunten: “¿Dónde has encontrado esto?”, y yo respondo “Aquí, en el barrio”. La vida va tan rápido y estamos tan absortos en los problemas que no nos fijamos en lo que sucede a nuestro alrededor, en los detalles, la belleza. Te levantas por la mañana, estás triste, tienes frío, y en un momento ves, por ejemplo, algún edificio que no tiene nada de especial, pero está iluminado en el ángulo adecuado. Esas pequeñas cosas pueden ayudar a evadirnos de los problemas cotidianos.
A veces Ivana cruza los límites de la fotografía y entonces en sus imágenes nacen cortas historias provocativas que publica en su blog:
Siempre he observado a la gente con interés: en el autobús, o cuando en las luces de las ventanas veo lo que sucede en los distintos apartamentos. Me imagino lo que pasa entre esas personas, cómo viven. Me surgen las historias cuando repaso de nuevo algunas imágenes. Me gusta pensar cómo se podría desarrollar la situación capturada con la lente.
Versión en español por Marta Ros
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