
¿Cómo surgió su interés y amor por el folclore balcánico?
“Mi primer contacto con la música tradicional de los Balcanes fue a través del músico folclórico irlandés, Andy Irvine. En los años 70 del siglo XX, él trajo a Irlanda melodías balcánicas con su grupo Planxti, por ejemplo, la llamada ronda de las mozas casaderas o la ronda mixta bailada por hombres y mujeres juntos. Estos ritmos se conjugaban con facilidad con la música y los instrumentos irlandeses tradicionales. Seguí los pasos de Andy Irvine y durante 6 ó 7 años recorrí Europa del Este recopilando canciones y melodías para llevarlas a Irlanda. Visité Macedonia, Serbia, Eslovaquia y, desde luego, Bulgaria. En cada sitio me quedaba por unos 3 meses, me reunía con familias y músicos locales, y procuraba empaparme de los sonidos que me rodeaban escuchando toda la música local que podía. Al regresar a casa, enseñé la música que había traído a unos amigos con los que ya tocábamos juntos y nos percatamos de que resultaba un proyecto muy emocionante, que armonizaba con nuestro estilo de interpretación”.

La voz en esta encantadora mezcla de música balcánica e irlandesa pertenece a Aideen McGinn, que tiene la tarea nada fácil de cantar en idiomas que desconoce por completo, como el búlgaro, el serbio y el macedonio.
“Es una tarea bastante difícil por momentos pero salimos adelante con arduos estudios y con ayuda de músicos de los Balcanes que vamos conociendo”, explica Marty.
Uno de estos músicos es el búlgaro Atanas Mijailov, que toca el instrumento típico tamburá y que durante algún tiempo practicó la docencia en Irlanda del Norte y cooperó con el grupo Balkan Alien Sound.
¿Qué es lo que une al folclore irlandés y búlgaro, no obstante la barrera lingüística?
“Es similar el propio concepto de la música tradicional, en especial en las canciones que hablan de amor, pérdida y anhelos. En ambos casos se trata de música creada para interpretarla en bodas, fiestas y celebraciones. Descubrimos similitudes también en los instrumentos musicales: por ejemplo, el buzuki en la música irlandesa hace el papel de la tamburá en la búlgara, el violín hace el de la gadulka, la gaita irlandesa el de la gaita del monte Rodope, la flauta irlandesa el de la flauta búlgara kaval, etc. Son grandes similitudes, aunque desde luego lo principal es la rítmica, que se diferencia en alto grado”.
Con frecuencia acude a los conciertos del grupo Balkan Alien Sound gente perteneciente a las comunidades balcánicas afincadas en Irlanda. En su concierto más reciente, ofrecido el 19 de septiembre, el grupo irlandés tocó con un dúo búlgaro: Veselka Ivanova y Nikolai Ivanov, un matrimonio de músicos que residen en Newry y difunden la música tradicional búlgara en el Norte de Irlanda. Y a pesar de que los músicos de Balkan Alien Sound se disponen a lanzar en noviembre próximo su segundo álbum, con fusión búlgaro-irlandesa de jazz, ellos aun no han tocado en ninguna parte en los Balcanes.

“Estamos intentando organizar un viaje el año que viene”, prosigue Martin Koyle. Tenemos muchas ganas de trabajar en algún proyecto de intercambio cultural con Bulgaria. Ahora estamos estableciendo los contactos y nos preparamos para una gira en su país”.
Versión en español por Raina Petkova
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