La montaña Rila, en el sudoeste de Bulgaria, es fascinante y atractiva en todas las épocas del año: en invierno, con los gorros de nieve en la cima de sus picos; en primavera, con su ropaje renovado; en verano, con el tórrido sol y la densidad de su follaje; en otoño, con su atuendo colorido. Uno de los lugares más seductores para el turismo y el ocio, a unos 80 km de la capital del país, Sofía, es el hermoso valle glaciar del río Beli Ískar. Se extiende a la entrada del Parque Nacional de Rila entre la porción oriental y la central de la homónima montaña, y en él se puede observar toda su diversidad. En 2003, a lo largo de la ribera fue construida la ruta ecológica Beli Ískar, de una longitud de 8 km, aproximadamente, apta para personas de todas las edades.



Al comienzo del itinerario está señalado que el visitante se interna en “el reino de la flora y fauna silvestres”, donde se pueden ver el geranio oloroso, el pensamiento salvaje, la milenrama o flor de la pluma, el tomillo, el mirtilo o arándano, el Geum coccineum (una especie de planta herbácea perteneciente a la familia Rosaceae, natural de la Península Balkánica), el liquen de Islandia, variedades de setas y otras plantas típicas de Rila. 
De los representantes del mundo animal se dan el lobo, el oso pardo –dos especies protegidas que están incluidas en el Libro Rojo de Bulgaria– y el corzo, amén de especies de aves protegidas como el cascanueces común, el zorzal charlo, el carbonero garrapinos, el pinzón vulgar, etc. Además, en el área de la ruta ecológica crecen el pino blanco, el tejo, el álamo temblóno lamparilla y el avellano, todos ellos típicos de Rila. 
En el punto más alto de la ruta ecológica (a 1528 m sobre el nivel del mar) se encuentra una explanada panorámica llamada Los Tejos por estar rodeada de numerosos árboles de esta especie. El desnivel que hay que superar es de 300 m. La vista que de allí se abre al valle del río Beli Ískar es maravillosa y pintoresca. Ante los ojos se yerguen, orgullosas, las laderas rocosas e inexpugnables de la montaña. 
Los picos inaccesibles son hogar del águila real y el rebeco o gamuza, otras especies incluidas en el Libro Rojo de Bulgaria y protegidas por la Ley de Biodiversidad. Un panel enorme informa que el rebeco es endémico de los Balkanes, mientras que el águila es de un tamaño impresionante: la longitud de su cuerpo es de hasta 90 cm, y la envergadura de las alas, hasta 225 cm.

El aroma de las hierbas, mezclado con el olor a resina, es embriagador. Las aguas del Beli Ískar saltan de piedra en piedra formando espuma y esparciendo gotas en el aire mitigando el sofocante calor veraniego. El río ora se derrama en un amplio cauce, ora vuelve a su lecho angosto, y su ruido de un susurro quedo y suave se transforma en un rugido. 
El sendero serpentea en medio de prados salpicados de flores y robledales sombreados, sube por escaleras de piedra y atraviesa una alfombra de agujas de pino. 
Hay muchos lugares donde descansar, y cada uno tiene su propio nombre: El Geranio, La Casa, El Lago... Los puentecitos también tienen nombres: El Alba, El Largo, El Pino, El Remanso Azul...

Del valle del Beli Ískar, sobre un área de más de 12.000 hectáreas se extiende la Reserva Central de Rila, la más grande del país. Con la construcción de rutas ecológicas en Rila, la administración del parque pretende preservar no sólo la extraordinaria naturaleza, sino también las tradiciones y el sustento de la población local.
Versión en español por Daniela Radíchkova
Fotos: Svetlana Dimitrova
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