Sonoros golpes de martillo, cautivadores destellos de llamas en las paredes, el gruñido del metal sumergido en agua fría y el nacimiento de otra obra de arte. Esta es la vida cotidiana y la vocación de Lubomir Linkov, un maestro del hierro forjado. Saliendo de la forja, los objetos finos se abren camino, encuentran a sus dueños, pero permanecen para siempre en el corazón de la persona que los ha hecho. Porque en cada uno de ellos ha puesto un trozo de su alma.

Como cualquier gran maestro, Lubomir Linkov, como dicen los búlgaros, se ha adueñado del oficio. Electricista y soldador de profesión, se fue a buscar empleo en Sudáfrica donde accidentalmente encontró una compañía de hierro forjado. Al principio, este trabajo simplemente era un pasatiempo para él, pero al regresar a Bulgaria decidió continuar y convertir la herrería en su profesión. Y así, ya van 15 años.
La forja es creatividad, es arte, dice Lubomir Linkov. A veces llevo pensando días en algún modelo o detalle. Mis ideas brotan de adentro y me digo: ¡Pruébalo! A veces no sale la primera vez, pero sucede al segundo o tercer intento. Cuando trabajo sobre pedidos de boutique, siempre respeto la idea del cliente y me esfuerzo por cumplir sus ideas y deseos. La maestría está en hacer lo que piensas o lo que el cliente quiere. Una vez demostrarte a ti mismo y demostrar al cliente que lo que él quiere es posible.
Lubomir Linkov elabora camas, espejos, candelabros, mesas, sillas, utensilios para chimeneas, arañas, diversos artículos para el
hogar, con una precisión inherente a una persona enamorada de su profesión. Se trata del encuentro de dos caracteres duros: del herrero y del metal. ¿Se rinde el hierro ante el maestro o los dos se convierten en amigos?
Para mostrar la belleza de la herrería a más personas, una vez al mes, Lubomir Linkov celebra en su taller un día de puertas abiertas.
El que quiera es bienvenido, la edad y el género no importan, dice Lubomir. - Hago demostraciones de cosas pequeñas y quien quiera, mira, puede incluso agarrar el martillo para intentarlo. Algunos lo hacen bastante bien, otros no tanto, pero lo importante es que están dispuestos a hacerlo y forjar algo como recuerdo.
A Lubomir Linkov el martillo no le resulta pesado. Es el pincel con el que pinto el hierro forjado, dice el maestro. Y añade:
Cada producto es peculiar. No hay cosas idénticas. Si miras tu mano, tus dedos no son iguales, no hay dos ramitas idénticas en un árbol, todo es diferente.
Versión en español por Ludmila Sávova
Fotos: Archivo personal
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