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En general las bellas cosas en la vida suceden de manera inesperada. Sucedió así en el año 1995 cuando en medio de las festividades en dos ciudades hermanadas: Oriajovo, en Bulgaria y Shostka, en Ucrania, inesperadamente se abrió camino el amor que unió a la ucraniana Nina y a su futuro esposo, un búlgaro de Selanovtsi. “Nosotros, los ucranianos fuimos invitados a participar en un concierto con motivo de la feria de Oriajovo que se organiza cada año en agosto.
Allí conocí a mi esposo. Después volví a verlo en Shostka durante la fiesta de nuestra ciudad, el 3 de septiembre”, recuerda sonriendo Nina Dimitrova. No pasó mucho tiempo y los dos se casaron, una vez conforme la tradición ucraniana después de lo cual organizaron una bofa “humilde”, a la búlgara, con 250 invitados, todos familiares y amigos, en Selanovtsi, donde Nina vive hasta hoy en día.
“Entonces, en 1995, me daba igual si viviría en Selanovtsi o en Sofía y hoy en día me alegro de haber optado por Selanovtsi, el mayor pueblo en Bulgaria donde se encuentra el único monumento a la azada del país . El pueblo se enorgullece de sus habitantes que son personas muy buenas, los patios son extensos, la aldea es verde, los vecinos son grandes trabajadores y me acogieron muy bien”, cuenta Nina.
Ella se adaptó a la vida en Bulgaria con rapidez. ¿Qué fue lo que la cautivó de inmediato y qué le pareció más difícil de aceptar?

“Me impresionaron muchísimo las rondas típicas búlgaras joro, la música, los trajes y las costumbres. Esto se me hizo muy familiar de inmediato tal vez porque quería mucho aprender el idioma y las tradiciones. Lo que no me gusta es que los padres cuidan de sus hijos desde su nacimiento hasta que se jubilen. Me gustaría que los menores sean más independientes y responsables”, dice ella con sinceridad.
Las rondas búlgaras que se interpretan en las plazas se convirtieron en el segundo gran amor de Nina en Bulgaria. Sigue aprendiéndolas hasta ahora de los ancianos en la aldea de Selanovtsi, de la televisión, y de Internet y transmite lo aprendido a los demás. Es directora de los conjuntos infantiles de bailes Jlapeta y Iskritsa y al conjunto de los adultos Severniatsi, en la casa de cultura en la aldea. “Durante los ensayos muestro obligatoriamente los típicos bailes tradicionales de Selanovtsi porque a mí juicio cada vecino de la aldea debe saber bailarlos”, dice categórica y agrega que el repertorio de los conjuntos de bailes incluye rondas típicas de distintas partes de Bulgaria, así como bailes gitanos que aprendió de un amigo suyo porque, según dice, “No podemos vivir juntos sin entendernos”.

Nina transmite a los menores de la escuela de Selanovtsi, donde trabaja como profesora, su interés por las tradiciones y las artes búlgaras, y su amor por la naturaleza.
¿Qué es lo que aprende Nina de los niños?
“Lo que aprendo es ser paciente. Aprendo a escuchar bien, sonreír y respaldar a los demás porque los niños necesitan de ayuda más que cualquier otra persona, sobre todo los párvulos. Ellos se acercan a un territorio completamente nuevo y emprenden su camino en la escuela. Algunos tienen miedo, otros están preocupados, pro todos están muy emocionados. Por esto yo tengo que estar los muy paciente para que ellos también puedan sentirse tranquilos”.

Hoy, después de haber pasado tantos años en Selanovtsi, Nina Dimitrova recomienda a cualquiera que desee asentarse en Bulgaria que opte por una pequeña ciudad o aldea, en vez de encaminarse a Sofía, Varna o Plovdiv, mucho más teniendo en cuenta los tiempos actuales y la comodidad del teletrabajo.
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