Imagínense Vds. que deban internarse en un maizal plagado de cardos:¿Que por qué? Pues para hacer fotos de un obelisco conservado de la época romana, el cual formaba parte del mausoleo a un sacerdote. No estamos bromeando, ya que esto les ha pasado a los editores del álbum “A Guide to Roman Bulgaria”. Salvo la arqueóloga Milena Raycheva, Vds , ya los conocen por el álbum similar, recientemente presentado y titulado “A Guide to Thracian Bulgaria”. Y, para no escoger por símbolo del legado romano en Bulgaria,este obelisco sumido en los maizales entre las aldeas de Musina y Lesicheri, del norte de Bulgaria, miramos la portada del álbum con Dimana Trúnkova, otra arqueóloga del equipo. En la portada del libro se aprecia el mosaico de un ciervo de la Pequeña Basílica de Plovdiv.
El ciervo simbolizaba varias cosas. Una de éstas es el deseo de los neófitos de aceptar a Cristo a través del bautismo y purificarse, pero la otra interpretación posible, viendo este cervato, es que en el paleocristianismo a los ciervos se les atribuía la capacidad de succionar, por su aliento, a las sierpes que estaban bajo la tierra. Y, como las serpientes simbolizaban a Satanás, los ciervos se fueron transformando en símbolo del triunfo sobre el Mal.
Confieso que la segunda interpretación, además de menos conocida, me resulta más familiar, sobre todo en la época actual. Al igual que el ojo de un ciervo, el ojo fotográfico de Antoni Gueorguiev nos conduce a través de vestigios de batallas memorables que, no hay que olvidarlo, también se habían librado contra las reencarnaciones del Mal. Castros y otras fortificaciones los podemos descubrir a pocos kilómetros de la autopista que conduce a Burgás-Kabile− pero también a lo largo de las riberas del Danubio y el litoral del mar Negro−. Son menos conocidos los de Kula, o sea, Torre −que ha dado nombre a la villa−, Silistra, Svistov, Ruse, Balchik, Byala.
A pesar de representar las basílicas romanas algunos de los monumentos arquitectónicos más conservados y conocidos en Bulgaria desde el fin de la Antigüedad y el comienzo del Medioevo, vale la pena prestar atención también a algunos frescos, como los de la necrópolis de Silistra en los que abundan motivos florales y de aves pero, sobre todo, de personas. Dimana Trúnkova dirige nuestra atención hacía detalles que no les dicen gran cosa a la gente profana como, por ejemplo, el peinado masculino de uno de los criados del matrimonio para el cual se destinaba la necrópolis: Nos muestra este peinado que ese criado no era un lugareño, que no era un tracio ni tampoco un romano. Es un godo y es un criado, en la necrópolis se han pintado frescos también de la servidumbre del matrimonio muerto.
Pese a haber sido descubierta en los años 40 del siglo pasado, la necrópolis sigue escasamente conocida como lo es también el legado romano antiguo integral en Dorustorum. Centro episcopal en la época del cristianismo primitivo, Silistra fue cuna durante las persecuciones en la época del emperador Dioclesiano, finales del siglo III, de 12 mártires que se negaban a venerar al emperador romano como a un Dios, como era costumbre en aquella época. Siendo parte del Imperio romano, los asentamientos en las actuales tierras de Bulgaria eran similares a las otras ciudades de la época romana, y el latín era lengua predominante en la actual porción septentrional de Bulgaria. En la región meridional ocupaba tal posición el griego antiguo, con excepción de algunos decretos sumamente importantes, redactados en latín. La causa, según señala la arqueóloga Dimana Trúnkova, había sido que los gobernantes romanos eran lo suficientemente inteligentes para darse cuenta de que no podían imponer el latín en ciudades cuna de la civilización helénica.
No por casualidad, Plovdiv, la ciudad con el legado romano mejor conservado y promocionado en Bulgaria, centra la atención en este álbum. Además, es recomendado por los autores del mismo como primer destino para los extranjeros con tiempo escaso en su estancia en Bulgaria. Sorprendentemente, la elección de la segunda destinación se relaciona con la escasamente conocida localidad septentrional búlgara de Pavlikeni. Su nombre proviene del de los paulicanos, herejes gnósticos armenios que fundaron esa localidad. En los años 70 del siglo pasado varios cazatesoros encontraron grandes cantidades de objetos de cerámica. Luego, los arqueólogos descubrieron una villa romana en el extrarradio de la ciudad en la que había funcionado un centro de producción de objetos de cerámica. Los variados productos, que iban desde ladrillos hasta juguetes infantiles, llegaban hasta Crimea. A comienzos de los años 80 del siglo XX se creó un museo al aire libre en la zona de esa villa.
La casita que se ve ahí está hecha con pedazos de cerámica encontrados sobre el terreno y sin un valor científico. Había hornos y cada etapa del proceso de fabricación era enseñada y explicada a alumnos de la escuela de cerámica de la no muy lejana ciudad de Troyan. Cada uno de los distinguidos visitantes de ese lugar podía hacerse un ladrillo y firmárselo. Actualmente, los ladrillos están ordenados en un muro. Entre ellos hay ladrillos que ostentan la firma de Liudmila Zhivkova, hija del dictador comunista Todor Zhivkov y en aquella época ministra de Cultura, y otros, de los ya mencionados cazatesoros, en que se lee una “dulce” confesión”: “Nosotros hemos sido los primeros”.
Pues, para nosotros, es motivo de orgullo también ser los primeros en presentar este álbum ante sus lectores futuros del mundo entero.
Versión en español por Mijail Mijailov
Fotos: Antoni Gueorguiev
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